Aquella noche quedaron de encontrarse entre los faroles del parque. Lumbreras que, tenuemente acentuaban su existencia entre la espesa niebla nocturna de Mayo, serían las únicas testigos de aquel encuentro tan inverosímil.
Llegó cinco minutos tarde pero él aún no se había aparecido. El hecho de tener que esperar entre la niebla le hacía impacientarse más de lo normal, deseaba acabar con aquello lo más pronto posible y así realizar la extraña entrega de una vez.
-llega tarde- dijo ella mientras él se acercaba
-perdón, tuve un… retraso- dijo sonriendo y saboreándose el labio inferior
-acá tiene lo que me pidió, las últimas publicaciones aún sin editar, junto con los originales, tal cual lo solicitó- dijo entregándole un paquete con varias hojas dentro.
-muchísimas gracias- esbozando una sonrisa seductora- ¿quieres un café Mariela?
-no, gracias jefe, tengo frío y ya es un poco tarde…-dijo tratando de ocultar su sonrojo.
-entonces te voy a dejar a tu casa- dijo amablemente- más que mal, te he pedido que vengas hasta aquí tan tarde.
-está bien- asintió- … ¿y, por qué me llamó tan alterado?
-uf...- suspiró mientras caminaban- pues resulta que la edición se adelantó y necesitamos tus escritos lo antes posible para revisarlos y así mañana enviarlos a primera hora…- cuando de súbito, se para frente a ella- en realidad, no era ese el verdadero motivo
De pronto Mariela se vio envuelta por la niebla y lejos de algún farol, solo la silueta de su atractivo jefe y su voz.
-Mariela, es preciso que sepas algo: soy un vampiro- entonces se acercó, la envolvió con sus brazos y antes que pudiese clavar sus colmillos en su cuello, ella susurró:
- ya lo sabía…
Lo rodeó también con sus brazos y antes de cualquier movimiento se miraron a los ojos entre la oscuridad y se besaron.
viernes, 22 de mayo de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
Una extraña sensación invadió sus entrañas cuando le vio por primera vez en la universidad. Era insólito pues al parecer las chicas que se encontraban a su alrededor sintieron lo mismo, se miraban unas a otras interpretando el extraño acontecimiento, mientras los hombres trataban de investigar el complicado código de las miradas femeninas.
Al subir al ascensor sentí que me miraba fijamente, pero las demás chicas trataban de llamar su atención con gestos, movimientos y roces “casuales”, a los que no cedió ni por un momento.
Me bajé apresurada pues sabía que algo extraño estaba sucediendo, usualmente ningún chico me miraba fijo y menos en un lugar cerrado, apresurada fui hasta la biblioteca y me senté en el rincón más apartado y solitario para despejar mi mente y seguir estudiando, pero como por arte de magia llegó a mi lado, estaba sentado junto a mí leyendo un extraño libro, atónita le miré y traté de echarle la culpa al cansancio.
Pasaron así cinco minutos pero entre hoja y hoja notaba que me miraba descaradamente y que además la biblioteca ya no quedaba nadie, el sol se ocultó y el delirio comenzó.
-hola- dijo seductoramente mostrando sus colmillos
-qué quieres- dije a la defensiva
-pues, adivina- dijo saboreando sus colmillos mientras sonreía.
Me paré del asiento apresurada sin siquiera reparar en mis pertenencias, lista para salir corriendo, cuando me toma del brazo y atrae hacia sí.
Su fuerte brazo rodeo mi cintura y nuevamente comencé a sentir los extraños escalofríos, sus ojos se clavaron en los míos y su blanca piel relucía frente a los focos florecientes. No sabía qué hacer ni que decir, hasta que de pronto me abrazó fuertemente.
-¿eres tú, Mariela?- preguntó en un tono dolorido.
-si… sí, soy yo.- respondí insegura pero tranquila.
-¿Te olvidaste de mí?- preguntó mirándome fijamente.
Una gota, una gota de su carmesí sangre bastó para hacerme recordar, él era quien rondaba mi mente, él era quien me rescató días antes él, era quien había evitado aquel asalto, él estaba fuera de mi cuarto la noche en que me sentía sola, él era…
Y comprendí que debía ser suya.
-¿puedo… puedo ser como tu?- pregunté decidida, sin ser cuerda
-sí, pero ¿es lo que realmente quieres…?-preguntó admirado
No quiero estar más sola.
Entonces mordió mi cuello sin mayores preámbulos, y ambos disfrutamos de nuestra eternidad.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Besé sus dulces labios como nunca lo había hecho, le bese y pensé que me envolvía en un encantamiento extraño, de esos que siempre hablan con los que hechizan a la gente para que se les entregue, no sabía si estaba bien o mal lo que hacía, no medí consecuencias ni pormenores, sólo estaba segura de que era lo que quería.
Así me consumí y el me consumió con su mirada, sus manos no eran ya amenazas…
Solo caricias encendidas sobre mi piel.
lunes, 6 de octubre de 2008
“Soledad, soledad, soledad”
Te llamo sin nombrarte, te digo sin pensarte. Estas a tientas en mi vida como quien rodea un laberinto sin fondo, como quien deambula en la vida de una mortal marchita.
Las lágrimas ya no son mas que polvo en mis mejillas, ya no puedo llorar como lo hacía, pues, la desesperanza ya me ha colmado, la alegría se agotó y entre mis brazos solo abrazo una y otra vez a esta soledad que no para de repetir su nombre en mis tímpanos.
La noche se acerca, la noche es mi día, la noche perpetua en mi vida. Y es así como a lo lejos te presentas, como un extraño conocido, me hablas, me alumbras, me envuelves y entre morir en soledad o dejarme llevar por tus palabras lloro en tus encantos mi agonía entre tus labios.
Me abrazas, me acaricia y te apiadas de la vida, te apiadas del sufrimiento pues comprendes lo que yo, comprendes lo que mi, entiendes la razón… (ya no puedo ni pensar, solo sentir tus dulces labios en mi cuello).
¿Me confinarás a la muerte o medarás la muerte en vida?
jueves, 31 de julio de 2008
No he visto más odio en otros ojos que en los míos. Quisiera pensar que ya no duele, pero se bien que la próxima noche lluviosa volveré a recordarte, viendo mis manos rojas de tanto pintar tu nombre con mi sangre, pensando, llorando, angustiada, esperanzada, cansada de saber que siempre estuviste ausente, que nunca estuviste realmente y que jamás serás para una noche como yo, para una oscura mente…
El odio me invade, rompí mis lamentos, rompí mis lágrimas mustiada de una ausencia, de una promesa rota, de una eternidad vacía, como la hija de Cronos, encerrada en mi sola oscuridad, odiándome por quererte, pro extrañarte, por debilitarme en tu recuerdo…
Por no ser lo suficientemente fuerte como para echarte de mi arraigado corazón.
lunes, 21 de julio de 2008

Solo te pido que me dejes cerrar los ojos por última vez al son de este piano, al son de esta noche fría. Sabes que si pudiera cambiar las cosas lo haría, si pudiera volver el tiempo para no ser yo misma la que te esté diciendo esto… pero el destino no es mi designio.
Te tengo entre mis brazos, tu sangre en mis labios y tus ojos sin espanto sobre mi rostro me dicen que sabían que morirían por una dolida vampira. Antes de ver tu muerte, me dijiste que deseabas bailar por última vez a mi lado, dijiste que querías remendar el daño que me habías hecho por no amarme cuando aún era humana, que deseabas… amarme aunque sea un segundo.
No pude ver tanta bondad, no pude dejar de amar esos ojos, no pude dejarte morir así…
Eso fue lo que ocurrió mi querido, y ahora mi sangre corre por tus venas.
jueves, 3 de julio de 2008
Es inevitable punzar contra mi alma nuevamente tu recuerdo, el dolor de otra partida, no hace mas que menoscabar en mi corazón y en mi pecho el dolor de una muerte en vida, el dolor de tú muerte para mi, lejos de mi vida.
Hoy no hice mas que llorar e inútilmente demostrarme una vez más lo débil que soy, lo frágil que me vuelvo mientras veo que mi corazón se va quebrajando. En medio de la oscuridad compartí con mis lágrimas la soledad que me aqueja por tu vacío, por tu falta.
Es verdad, nunca fuiste mío, esa será mi desdicha eterna, y pues en ella, y en este dolor se me pasa el tiempo cantando, anunciando tras los otoños que no hay nadie que haya nacido para compartir aquel sentimiento conmigo, no hay nadie que logre apaciguar el dolor que siento, el vacío, la tristeza y la melancolía que tejiste mientras decidiste hacer a un lado la mirada, mientras decidiste ignorar a esta extranjera que acarició una tarde tus cabellos.
Dedicado a Clak, a pesar que nunca se paseará por estas letras.
jueves, 26 de junio de 2008
¿Como mitigar el dolor? Si tan solo una suave melodía salía de sus labios y una extraña lágrima se burlaba de mis mejillas, esas mismas que por escapar de su milagro corté con mis uñas para sentir mi propia sangre fluir por ellas, por mi boca, mi cuello mientras corría escapando de él.
Sentía que el corazón desbordaba desgracia por sus poros mientras mi sangre le atrajo. Le conocí, a mi Marcos, mi fiel vampiro. Me detuvo cuando ya nadie me veía, y en medio de la oscuridad sentí su lengua rozar delicadamente mi rostro mientras me sujetaba.
Sentía que me desvanecía entre sus brazos: tan solo deseaba la muerte, ese fin eterno, esa condena en el olvido, ese último suspiro, pero él me concedió algo más excelso, el don de la oscuridad, el don del poder inmutable, de mi ser, de un ser invencible.
domingo, 22 de junio de 2008
Creo que de todas formas saltaría al vacío inclinándome sobre el vicio de tratar de olvidarte. Y que importa si tan solo son palabras gritadas al viento, y que importa si solo son expresiones de un dolor intenso que punzante apuñala mi día a día, apuñala mis entrañas, mis voz ronca, marchita, doliente, intensa en un solo grito.
Me lanzaría al vacio con mis palabras, mis letras y mi dolor. Esperaría a que mi sangre rodee completamente mi cuerpo en el suelo para luego matarme de la risa mirándolo, tan miserable, tan frágil, tan torpe, tan blanco, tan… muerto.
Una voz me susurra al oído mientras observo la ciudad de noche, el viento roza mi espalda desnuda y trémula mis cabellos ¿serás tu? ¿Será tu compasión? O ¿será que en este preciso momento amas a otra mujer?
Ya no quiero saber, tan solo quiero negarte, negar mi dolor y caminar por la ciudad en busca de una nueva vida.
lunes, 9 de junio de 2008
¿Sabes? Realmente me marcaron sus palabras, su presencia.
Me miró fijamente para no perder de vista ninguna lágrima, yo cual victima trataba con todas mis fuerzas zafarme de sus brazos, pero, obviamente no podía. La rabia, el rencor me envolvieron por completo y disfrutaba cada sentimiento airoso que de mi pudiera salir. Deseaba que le odiara con todas mis fuerzas para así tener un motivo para dejar de existir:
-¡cobarde!, maldito miserable- le gritaba palabras entre cortadas mientras me ahorcaba poco a poco.
-ja- rió- pues eres tú la que me ha ayudado y yo, por otro lado también te ayudé, ¿acaso no querías ser amada?
-asqueroso man… ipula… dor…- el aliento se me fue y con ello mi conciencia.
Rasgó entonces sus vestiduras en señal de dolor, dio un grito, un gemido despavorido, un desgarrador dolor ahora corría por sus venas, la muerte ya rondaba sus cuerpos.
La llevó junto al estanque de la mansión, mientras esperaba la salida del sol. Su amada aturdida despertaba de su asfixiante inconsciencia.
Desde un principio su plan había sido enamorar a esa muchacha para luego romperle el corazón y así sentir tanto odio hacia él, tanto rechazo, que lo movería a la muerte. Pero todo dio un vuelco cuando su naturaleza le llevó a tratar de asesinar a quien le odiaba, a su amada.
-¡no!-grité despavorida al ver que se acercaba rápidamente la salida del sol- ¡¿qué haces!?
-ya no quiero vivir… he tratado de matarte… y te he hecho sentir miserable- su expresión había cambiado completamente, estaba montuosamente triste
-no me dejes, por favor, aunque nunca me hayas amado… yo no he dejado de amarte…
-no creas que no te amo… todo me ha salido mal, porque comencé a quererte, y así no quería dejar de existir… pero … hoy, cuando vi estabas decidida a entregarte a mi, esta noche… yo… traté de beber tu sangre- me acerqué a él y le besé, le besé como nunca
-si es necesario que yo me convierta en uno de los tuyos para estar a tu lado, lo haré- le dije sonriendo.
-mi amada Mariela...- me dijo mientras sonreía cálidamente y le alejaba de su lado de un golpe.
su frialdad esa noche lluviosa, que ahora despejaba, fue par aprotejerme en relidad, proejerme de una teternidad junto a él.
El sol ya había comenzado a salir. Destrozó todo su cuerpo. Desde entonces no me he podido sacar la careta, de una muchacha que es feliz, ama a alguien que no existe, y desea encontrar su descanso en la muerte y la oscuridad.
sábado, 31 de mayo de 2008
Sumida en un mar de desesperación le conté a mi buen amigo Marcos (el vampiro) lo que me sucedía. La comprensión no era mi fuerte, de hecho donde iba el rechazo me asolaba, deseaba morir pues el desánimo que me agobiaba comprendía el pan de cada día.
Era un grito desesperado que al destino alzaba, era un violín rechinando fuertemente a quien deseaba oírle, así era yo.
Una noche del frío mayo él llegó a mi regazo buscando calidez, compañía humana. El secreto de su genero fue para mí, la mayor sorpresa pero a su vez, su mayor debilidad.
Comprendió mis falencias, mis defectos fue ese delicado ángel que sanó cada una de mis heridas, cada una de las incomprensiones que asolaban entonces mi fatigado rostro.
Un ángel, un buen amigo.
Mariela.
viernes, 9 de mayo de 2008
Creía conocerme, creía saber de mi pero como muchos en esta vida me equivoqué. De algún u otro modo Mariela hizo ver en mi ese mundo oscuro, ese mundo terroríficamente solo, independiente, pleno de esperanzas marchitas…
De un momento a otro ya no era la niña alegre, no era la joven sociable ni la mujer amante. La soledad para mí era como una instancia necesaria para ser feliz, aunque la otra parte de mi se resistía a morir, esta condición, esta nueva manera de vivir era preciosa, solo estaba yo, solo estaban mis pensamientos, solo estaba mi ser.
Me di cuenta, que todos esos años, buscando compañía, buscando en alguien apaciguar mi soledad, todos esos intentos fallidos terminaron por dar resultado. Anhelo la soledad, anhelo convivir conmigo misma (ya me he aceptado). Solo espero que nada de esto se convierta en verdadera oscuridad… no habrá quien me salve de mi misma.
lunes, 5 de mayo de 2008
Estaba desconsolada, en medio de un caos, en medio de un mundo al cual yo no pertenecía, arrebatada en mi mal carácter decidí vagar para encontrar un rumbo fatuo, marchito, doliente como mi corazón.
Siempre he pensado que los peces brillantes se juntan nada más con los peces brillantes, por ello me escondo, por ello camino cabeza gacha tantas noches por la ciudad.
Sin darme cuenta de mi vago rumbo entré a una oscura tienda, estabas con tu amigo. Me extrañaba que estuviese abierta a tal hora de la noche, pero allí estaba, sentada en uno de los sofás blancos que en el vestíbulo habían. Era un sitio enorme, lujoso, y a pesar de ello me sentí como en mi casa desde que entré. Tu amigo se me acercó con una extraña mirada, y de inmediato me sentí hechizada, en un mundo irreal, en un mundo pasajero, me tomó y saboreo mi cuello, acaricio mi rostro, pero fue allí cuando le interrumpiste, él me dejó suavemente sobre el sofá. Te acercaste a mi y fuera de mi ensoñamiento sentí con tu mirada que me comprendías, todo ese dolor, esa angustia guardada, no se como. Lógicamente no puedo comprender hasta ahora que fue lo que sucedió, pero de un momento a otro… me tenías en tus brazos. Realmente conocía tu perverso corazón y a la vez tu mi dolor, te amé, juro que te amé más que nunca, y en medio de la oscuridad de la noche…
Me sentí querida, por un desconocido.
Mariela.
martes, 29 de abril de 2008
Podía oír sus gritos desgarradores esperando prestos por mi ayuda, pero no fui capaz de mirar atrás, ni por un segundo, ni uno solo. Decidí vivir en la oscuridad de un mundo sin salida, de un mundo perplejamente incorrecto.
Corrí lo más rápido que pude, corrí para perderme en las sombras de un callejón, allí abandonándome a mi misma comencé a llorar, comencé a botar toda mi tristeza, amargura, dolor, pesar, carencia de espíritu, mi… cobardía.
Me sentía una déspota, por haberle traicionado, pero el horror me consumió, el horror, el horror, el horror, el horror, el horror. Me sentí seca por dentro, me sentí extraña, una criatura carente de todo sentido moral, de todo sentido humano quizá, y por un instante quise convertirme en la sombra de la noche que me cubría.
-tus deseos son ordenes.
Escuche sin oír, solamente lo percibí entre mis pensamientos y advertí de inmediato que no era uno de los míos, era un pensamiento ajeno.
Frente a mi, le vi, no dude en entregarme a él. Estupidamente le abrace, por querer deshacerme de mi humanidad, le pedí con todas mis fuerzas que me sacará de la razón de lo finito.
Me elevó hasta el punto más alto de la ciudad, rasgó mis vestiduras, lanzó al cielo una sonrisa algo particular, me mordió en el cuello, le sentí y me vi consumida por él. Llegó hasta un punto donde aún conservaba mi conciencia:
-lamentablemente te sumirás en la oscuridad más profunda y eterna…
Bebió la penúltima gota. Mi cuerpo yace sobre el húmedo pavimento, tan carente de vida como esa noche fría, donde perdí lo único que me quedaba de vida.
lunes, 28 de abril de 2008
Sus movimientos eran delicados, suaves y provocadores, la luz que se colaba entre las cortinas al vuelo del viento curioso era brillante, distorsionadora de miradas y caricias prohibidas.
Su blanca piel se entrelazaba con la piel del individuo en cuestión. Embelezado le tenía, ambos estaban el clímax de una relación mortalmente carnal, cuando por la ventana se cuela algo más que la luz de la luna, era Ella.
Frente a los radiantes cuerpos, la diosa de lo inalcanzable, redentora de lo benévolo, estaba perfectamente esculpida ante ellos en la plena desnudez de la noche. Asustados, pasamanos y aterrorizados quizá, gritaron. Ella los miró, su lengua rodeo sus finos labios rojos, encendidos al igual que sus ojos, una pequeña sonrisa les lanzó antes de…
El chico, cobardemente se cubría tras su novia, la cual temblaba de pavor. Ella se acerca lentamente hasta la chica, de un empujón envía al otro lado del cuarto al chico. Y allí, frente a tan tierna víctima, la acaricia, le besa en la frente (mientras esta trata inútilmente de defenderse), y sin más remedio, entierra sus colmillos en su pecho, bebiendo la sangre directamente del corazón cardíacamente acelerado.
El muchacho, cobarde, lo mira con desprecio, lo observa por un rato, se burla de su horror de frágil mortal, y con repugnancia se desdóblega para no beber de su sangre, matándolo finalmente con un certero golpe en el pecho.
Dónde estarás esta noche fría, diosa de lo inalcanzable, Mariela.
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Espero que te haya gustado, amiga mia. ^_^