
El viento ingresa a través de las ventanas...las puertas crujen en cada movimiento y las sombras caminan entre la luz de la luna, hoy... en este castillo abandonado...
...los ecos de tus pasos resuenan suavemente...mi pequeño, no temas...regresa...corre si lo deseas, grita rogando por ayuda...que nadie escuchara tus peticiones...
...cada paso acelera mi corazón...acorralandote cada segundo aun mas, poseyendo ese alma mortal con tu miedo...sintiendo esa ansiedad a ser encontrado, tus pensamientos me llaman...pronuncian mi nombre...
...Cazadora y presa...juegos de niños, que temes mi pequeño?...tu aroma me guia hacia ti, las paredes se estremecen ante mis pasos dirigiendome a ti...escuchalas...detente, preguntas el porque?...no se necesita razones para esto...
...te has detenido...lo he notado, y aun no logras observarme...crees en el silencio protector cuando tu mente clama a gritos...aquellos gritos que solo yo soy capaz de oir...
...mirate alli escondido...como un niño temiendo el castigo, abrazando tiernamente tus rodillas...deslizando cada lagrima en tus mejillas...porque pides clemencia? porque solo hasta ahora?..sonrio divertida al observarte...bravo cazador que ahora solo queda en una imitacion burda de un humano...levanta esa mirada...
...ven a mi...pierde ese miedo, guia tu mirada hacia mis ojos carmines...tu piel calida tiembla tiernamente bajo mis brazos...tu respiracion se agita...mi pequeño...mi dulce pequeño...
...amo tu vida...y amo poseerla...tu sangre que emerge ante tu piel, corriendo a gran velocidad ...con un corazon a punto de estallar...eres mio....solo mio...
...mis colmillos se hunden delicadamente bajo tu piel...tu cuerpo aun fiel a la vida intenta separarse de mi abrazo, y ni siquiera logra moverse...mi pequeño, es hora de dormir....
...quedate alli...descansa...ahora solo queda ese frasco que fue tu cuerpo...y tu sangre ahora es parte mia...disfruta de este castillo solo tuyo ahora...
..principe egoista de su destino...cazador de vidas muertas....
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miércoles, 13 de agosto de 2008
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lunes, 28 de abril de 2008
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La oscuridad de la noche, tenebrosa, cubría cada rincón de la pequeña ciudad en la que me encontraba. Llevaba horas, siglos, vagando de un lado a otro sobre mi vieja escoba de sueños, y las lágrimas que empapaban mis ojos me nublaban la vista haciendo el vuelo más y más peligroso, pero no podía parar, pues algo me inquietaba y perseguía desde la eternidad, erizando todo el vello de mi cuerpo.
De repente, en un movimiento fugaz, algo me golpeó precipitándome hacia el suelo a la velocidad de la luz. Todo mi ser se retorció en el suelo, condolido, y abrí mis ojos lentamente cómplice del terror que los acometía en esos momentos de incertidumbre.
Ante mi, una larga capa negra ondulante, azotada en grandes esperpentos por el viento. Era él, había perseguido a todas las brujas de mi linaje durante siglos y había dado conmigo siguiendo el olor de mi sangre hirviendo por el dolor de los últimos meses. Sobre la capa, una larga cabellera se extendía casi hasta las rodillas. Sus ojos, negros, se clavaron en mi como una dulce puñalada que me arropaba en una inquietud desconocida hasta entonces. Era un ser realmente hermoso pese a lo desgarbado de su figura y su cariz de animal en plena caza, y aún sabiendo que yo no era más que presa de una venganza arrastrada desde el pasado, no podía dejar de mirarlo y deleitarme con su belleza.
Con tan solo una de sus enormes manos consiguió levantar todo mi cuerpo, acercando lentamente mi cuello hacia sus colmillos que babeaban absortos en el manjar que le ofrecía la desnudez de mis curvas. Yo me dejé hacer, pues pese a que sabía que con tan solo un ademán de mi mano podría acabar con su inmortalidad, el magnetismo que evocaba en mi me hacía desear esos labios sobre cada parte de mi alma.
Su inicial dulzura me conmovió hasta tal punto que, tan solo por un segundo, deseé la muerte en sus brazos, pero pronto pude sentir sus colmillos clavándose y dejando surgir mi sangre en leves riachuelos de placer...Sentí todo su cuerpo combulsionarse y supe que tendría que elegir entre su tránsito al infierno o el mío...
La sangre de otras brujas vencidas y caídas, me chillaba desde su interior, suplicándome la salvación, y pude ver cómo toda su magia robada se tranmitía a mi ser de manos de aquel espectro de la naturaleza, haciéndome cada vez más poderosa. Y cuando estaba a punto de desfallecer, dejé bailar mis dedos que ordenaban silenciosos la salida del sol. Cerré los ojos, el calor de su cuerpo se hacía cada vez más insoportable, quemaba, y supe que cuando los abriera ya no estaría allí.
Lloré, lloré incansablemente su muerte, su dulzura, su hermosura, y hoy por hoy, conservo las marcas de sus colmillos en mi cuello en señal de lo que pudo y no fue, protestando por la injusticia del inframundo que condena a los inmortales a la lucha contínua de poder, al amor imposible...
De repente, en un movimiento fugaz, algo me golpeó precipitándome hacia el suelo a la velocidad de la luz. Todo mi ser se retorció en el suelo, condolido, y abrí mis ojos lentamente cómplice del terror que los acometía en esos momentos de incertidumbre.
Ante mi, una larga capa negra ondulante, azotada en grandes esperpentos por el viento. Era él, había perseguido a todas las brujas de mi linaje durante siglos y había dado conmigo siguiendo el olor de mi sangre hirviendo por el dolor de los últimos meses. Sobre la capa, una larga cabellera se extendía casi hasta las rodillas. Sus ojos, negros, se clavaron en mi como una dulce puñalada que me arropaba en una inquietud desconocida hasta entonces. Era un ser realmente hermoso pese a lo desgarbado de su figura y su cariz de animal en plena caza, y aún sabiendo que yo no era más que presa de una venganza arrastrada desde el pasado, no podía dejar de mirarlo y deleitarme con su belleza.
Con tan solo una de sus enormes manos consiguió levantar todo mi cuerpo, acercando lentamente mi cuello hacia sus colmillos que babeaban absortos en el manjar que le ofrecía la desnudez de mis curvas. Yo me dejé hacer, pues pese a que sabía que con tan solo un ademán de mi mano podría acabar con su inmortalidad, el magnetismo que evocaba en mi me hacía desear esos labios sobre cada parte de mi alma.
Su inicial dulzura me conmovió hasta tal punto que, tan solo por un segundo, deseé la muerte en sus brazos, pero pronto pude sentir sus colmillos clavándose y dejando surgir mi sangre en leves riachuelos de placer...Sentí todo su cuerpo combulsionarse y supe que tendría que elegir entre su tránsito al infierno o el mío...
La sangre de otras brujas vencidas y caídas, me chillaba desde su interior, suplicándome la salvación, y pude ver cómo toda su magia robada se tranmitía a mi ser de manos de aquel espectro de la naturaleza, haciéndome cada vez más poderosa. Y cuando estaba a punto de desfallecer, dejé bailar mis dedos que ordenaban silenciosos la salida del sol. Cerré los ojos, el calor de su cuerpo se hacía cada vez más insoportable, quemaba, y supe que cuando los abriera ya no estaría allí.
Lloré, lloré incansablemente su muerte, su dulzura, su hermosura, y hoy por hoy, conservo las marcas de sus colmillos en mi cuello en señal de lo que pudo y no fue, protestando por la injusticia del inframundo que condena a los inmortales a la lucha contínua de poder, al amor imposible...
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